La Agricultura Sostenible como Arma contra el Cambio Climático

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La capa más superficial del suelo, aquella que cubre más o menos los primeros 30 centímetros, es responsable directa de gran parte de la producción de comida en nuestro planeta. Este detalle, insignificante en apariencia, implica que la agricultura, correctamente implementada, podría convertirse en un verdadero absorbedor de CO₂.

En el contexto actual, donde las acciones contra el cambio climático cobran más importancia que nunca, una agricultura más sostenible se erige como una herramienta ideal para lograr algunos de los grandes objetivos que la humanidad se marcó para ver cumplidos durante la primera mitad del siglo XXI: es decir, reducir el hambre mundial a cero, y eliminar por completo las emisiones de gases de efecto invernadero.

En la actualidad, la producción agrícola cuenta con un valor que, en ciertos países, supera el 40 % de la riqueza nacional.

No obstante, este es un sector que todavía no se ha adaptado íntegramente a los modelos sostenibles que deberían ser clave en su funcionamiento, y eso implica que todavía produce más del 20 % de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Pero, ¿Qué es la agricultura sostenible? ¿Y qué ventajas puede ofrecernos frente a los desafíos medioambientales de la actualidad?

La importancia de una agricultura más sostenible

Si lo que deseamos es contar con un modelo sostenible de agricultura, este debería ser capaz de cubrir las necesidades alimentarias y textiles tanto de la presente generación como de las futuras.

Todo esto tendría que contar con precios que sean razonables para cualquier consumidor, claro; pero también deberían ser suficientes para que se mantenga la economía de este sector y sin que sea necesario, para ello, poner en peligro el medioambiente ni los recursos naturales. Lo idea, pues, es que este sistema de producción agraria sea conservador en lo que a recursos respecta, que ambientalmente sea saludable y que disponga de viabilidad económica.

La agricultura de tipo sostenible, pues, consiste en un modelo cuyo objetivo es el desarrollo de sistemas más acordes a las necesidades de la sociedad actual, la cual demanda métodos de producción que ofrezcan una mayor sostenibilidad y que resulten menos agresivas con el planeta.

Los retos de los nuevos modelos de agricultura

La población mundial no ha dejado de aumentar durante las últimas décadas y, según se calcula, a mediados de siglo ya habrá más de 9000 millones de habitantes. Es por eso que la producción agrícola no puede dejar de crecer. Y ese es, precisamente, uno de los motivos que lleva a la necesidad de un modelo más sostenible.

En la actualidad, este nuevo tipo de agricultura tiene cinco retos para lograr su sostenibilidad:

  1. El primero sería frenar la degradación y el empobrecimiento de los suelos. Esto ayudaría a asegurar los recursos naturales y reduciría la inseguridad alimentaria.
  2. El segundo sería lograr una mejor gestión de los recursos, algo necesario si se produce un aumento en la competencia.
  3. El tercer reto consistiría en minimizar el impacto que la propia agricultura pueda tener en el cambio climático. Y lo mismo ocurre a la inversa: se debería proteger a esta actividad de los impactos negativos que el propio cambio climático pueda provocar.
  4. El cuarto guarda relación con el control de enfermedades y otros problemas que puedan ser consecuencia de la globalización de la cadena de producción.
  5. Por último, el quinto reto consistirá en reforzar las políticas de gestión de las tierras agrícolas con el objetivo de que integren planes de conservación de espacios naturales y de las especies que allí habitan.

La aplicación de un modelo sostenible de agricultura

El empleo de prácticas agrícolas ecológicas, basadas en innovaciones científicas para producir alimentos saludables mediante técnicas amigables con el medioambiente, resulta vital. Dichas prácticas, por supuesto, tratan de aprovechar de la mejor forma posible cada producto y servicio medioambiental sin dañarlo. Así, también deben adaptarse a cada región mediante los ajustes necesarios.

Asimismo, el concepto de cultivo extensivo debe quedar a un lado para dar paso a aquel que se centra en la intensificación de los recursos y que hace un mejor uso de los disponibles en cada lugar. Algunos de los pasos esenciales para lograr un modelo agrícola más ecológico serán los siguientes:

  • La integración de procesos biológicos y ecológicos con los procesos de producción. Algunos ejemplos son la regeneración del suelo o la fijación de nitrógeno.
  • La minimización del uso de aquellos métodos que no sean renovables y que tienen un impacto negativo en el ecosistema y en la salud de los consumidores.
  • El aprovechamiento de la capacidad de los agricultores para trabajar en equipo y de resolver algunos de los retos comunes que brinda la agricultura.
  • Sacar partido al conocimiento de los agricultores, darle valor y reforzar su independencia frente a terceros.

Diferentes modelos sostenibles de agricultura

Dentro de la agricultura, podemos encontrar cuatro modelos sostenibles diferentes, y todos tienen el mismo objetivo: trabajar la tierra y sacarle partido al tiempo que se conservan los ecosistemas. Después de todo, los cuatro modelos surgen como una necesidad ante el fuerte impacto ambiental que la agricultura tradicional ha producido. Algunos ejemplos los encontramos en la disminución en el número de insectos en los cultivos, un punto que, lejos de ser positivo, afecta gravemente al proceso de producción.

Agricultura ecológica

Se trata del modelo más reconocible, dentro de las alternativas sostenibles, y está muy extendido en Europa. De hecho, incluso se considera la base de los otros modelos. Algunas de sus características son la prohibición de los fertilizantes y fitosanitarios que sean de origen químico, el uso de pesticidas naturales para combatir plagas o la rotación de cultivos y la aportación de materia orgánica para conservar la fertilidad de la tierra cultivada.

Agricultura biodinámica

Este modelo se basa en la interacción entre el suelo, los microorganismos, los animales, los nutrientes y los cultivos. Se caracteriza por el uso que se hace de compuestos específicos, tanto de origen animal como vegetal, que se elaboran durante meses. También tiene en cuenta los ciclos astronómicos para la siembra o la labranza.

Permacultura

Este modelo, surgido en Australia, tiene como objetivo ajustarse todo lo posible a la naturaleza, tal como hacían los indígenas. Consiste en estudiar el terreno, determinar qué organismos habitan allí, utilizar cada elemento de forma multifuncional y hacer un uso eficiente de los recursos de la naturaleza.

Producción integrada

El último modelo nació a finales del siglo pasado ante la evidencia del impacto negativo que tenían algunas prácticas agrícolas. Así, la producción integrada combina ciertos métodos de lucha biológica mediante el uso de organismos vivos y algunas técnicas tradicionales.

 

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